Edward Abarca
San Borja Norte - Domingo
Ella, como siempre, salió de su casa cuando el sol apenas jugaba el rol de su posible existencia. Estaba feliz o quizás algo más, pero nadie, absolutamente nadie, en su casa reparó su pronta salida hacia la calle. El desayuno seguía frío sobre la mesa, el pan se entumecía con el aliento tupido de esa mañana lacerante, mientras que el café proclamaba su soberanía de la opresión del fuego y el vapor. Lima no era la misma para ella, la capital se había despojado del pesimismo colectivo y junto con sus atractivos sonoros como la combi, el panadero y su chicharra, el cobrador, el emolientero, el silbato del guachimán, el datero urbano, el mendigo de la esquina y otras cosas habían formado un despliegue jubilar de sensaciones encontradas (...) Las horas pasaron, ella y su mensaje andaban por la calle, seguidos de una multitud de miradas gregarias. Sus manos remaban el asfalto con el instrumento circular de jebe y sus pies servían de timón para el andar. Llevaba un polo azul y los matemáticos escépticos le habían colocado en el pecho unos cuantos números por si las dudas.
Aún lo recuerdo, era Domingo, ella llegó puntual al parque que tiene el mismo nombre que un poliedro de cinco lados. La música que retumbaba en las hojas de los árboles hacían que cada individuo sea libre de toda fijación. A los pocos minutos la carrera había empezado y todos habían partido casi en simultáneo. Detrás de ella venía una policía en moto. El viento reventaba las olas de aire que forjaban sus brazos al generar energía. Todos la miraban y algunos aplaudían, nadie tenía fe pero si respeto. El respeto hacía que la mujer mirara de soslayo a todos los espectadores y se esforzara por llegar a la meta. De esperanzas no se vive, esta claro, pero de esperanzas se resiste a morir prematuramente (...) Le faltaba poco, andaba veloz con su mensaje a cuestas, la policía la seguía sin dejarle un mínimo espacio de adelanto. Antes de cruzar la meta, la gente comenzó a aplaudir (La comunicación fue tan banal y quizás venial, ya que cuando alguien va lograr algo los demás se atrincheran a ellos de modos usuales). Cruzó la meta, había recorrido 10 km, y de inmediato-mientras ella seguía moviendo el brazo- supe que las proezas y los hechos importantes guardan dentro de sí una comunicación magistral para la cual es necesario agregar algo más que codigos, medios y canales. Quizás sea propicio administrar cualidades que escapen de lo cotidiano.
Ella rompió la cinta imaginaria impuesta por el reto. Para qué le sirven las piernas, si puede volar?. Y entonces, el desayuno dejó de estar frío y por fin alguien en casa se dio cuenta de su ausencia y se sentó en la vereda con una taza de café y un pan fresco a esperar la llegada de una victoria que nadie esperaba...
No hay comentarios:
Publicar un comentario